La larga travesía de NEKO

Neko es un mestizo de mastín de cuatro años. Grande, por su raza, pero cariñoso y juguetón como un cachorro. Un chico lo regalaba en el polígono Almanjáyar y Rafael Pascual, de 30 años, se quedó con él. Tenía heridas y al principio no dejaba que lo tocaran, por miedo. «No quiero ni pensar lo que le pasó», baja la voz, y a continuación recalca: «Salió de una casa que no lo querían y llegó a otra donde lo estaban esperando». Desde ese momento, ambos se hicieron inseparables.

A principios de este mes fue a pasear por el monte con su dueño, que procede de Benidorm aunque vive en Güejar Sierra y trabaja en una escuela de ski de Sierra Nevada. «Había una perra en celo y salió corriendo. En el pueblo nos conocemos todos y creía que estaría allí, pero no apareció». A partir de ese momento no para de buscarlo, con carteles por las calles de Granada y a través de las redes sociales. «Me mandaron un mensaje de que lo habían visto en la ciudad, pero no lo encontré; y todos los días hacía llamamientos a través de Facebook».

«¿En Pedregalejo, en Málaga, ¡pero si yo vivo en Sierra Nevada!», exclama Pascual, cuando su interlocutora al otro lado del teléfono le explica donde tenía que ir a recogerlo. Un amigo le avisa de que la Sociedad Protectora de Animales de la capital costasoleña está ofreciendo un perro como el suyo en acogida. Rocío Guerrero, socia y voluntaria de la entidad, de 31 años, es quien localiza a Neko a 170 kilómetros de distancia de su hogar. Está en la playa, donde vive gracias a la comida que le dan los vecinos y hosteleros de la zona y a los juegos de otros propietarios de perros del barrio: «No se movió de allí porque prefiere un palo antes que un filete, tiene obsesión», sonríe su propietario.

«Todo el mundo sabe que soy voluntaria de la Protectora. Unas amigas me mandaron una foto con el móvil y le pedí directamente a la coordinadora que la pusiera en Facebook para buscarle una casa de acogida, porque en el Refugio estamos saturados», relata Guerrero, que es propietaria de la tienda de ropa Millennium, en Echevarría de El Palo. El animal tenía microchip, aunque no dio tiempo a comprobarlo. «Por la noche llamó un chico que aseguraba que era suyo, que se le había perdido y que vivía en Sierra Nevada». Ese mismo día fueron a recogerlo a casa de una de las voluntarias, donde lo habían llevado para evitar que volviera a escaparse. «Cuando vio el coche de su dueño se volvió loco, no quería separarse de él».

Seguramente nadie será capaz de reconstruir el largo viaje de Neko, ya que, antes de establecerse en Pedregalejo, también se le vio vagar por la capital granadina y por la zona de Guadalmar. De todas formas, su propietario tiene claro que alguien se lo llevó: «Le enseñé a quitarse el collar por si lo cogían o se quedaba atrapado, porque tuve otro que se ahogó en un accidente. Ahora no lo llevaba, así que casi seguro que se le ha escapado a alguien».

Rafael Pascual solo tiene palabras de gratitud para la Protectora de Animales y para las personas anónimas que han cuidado de su amigo en su largo periplo entre las dos provincias: «Las voluntarias que lo encontraron han sido mis ángeles».

Fuente: Diario Sur. Ignacio Lillo

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